Cada vez que alguien toca el tema de la discriminación a la mujer, muchas sensibles compatriotas del género saltan a la defensiva exaltando a la figura femenina, rescatándola, revalorizándola y diciendo lo injusta que puede ser la sociedad machista. Pero yo pienso, ¿a que se refieren exactamente cuando hablan de discriminación? Yo la verdad nunca me sentí o consideré discriminada por ser mujer. No siento que alguna vez en mi vida me hayan tratado como menos valiosa que un hombre o que el hecho de ser mujer me haya limitado para hacer algo dentro de mi sociedad. A cualquier bar o discoteca puedo entrar gratis por ser mujer, estudié en un colegio mixto en el que yo podía tener el pelo largo y los hombres debían cortárselo porque “son hombres y se ve más ordenado”, estudio en una buena universidad que también es mixta, tengo sueños y metas profesionales, y es más, cuando me subo a un micro y ningún hombre se levanta para darme su asiento pienso “malditas feministas”. Muchas chicas con mi misma realidad social saltan a la defensiva de la mujer cada vez que se toca el tema de la discriminación, como si ellas hubiesen tenido que sufrir la verdadera discriminación, como si aún nosotras tuviésemos algo de superioridad para mostrar. Las mentes ya están cambiando, los roles se están ampliando y la aceptación de la igualdad, no la superioridad, la igualdad entre los hombres y las mujeres no es un futuro tan lejano si nosotras aprendemos a superar y dejar de lado ese resentimiento colectivo hacia los hombres.
Sin embargo, queda mucho trabajo por hacer. Quizás suene como algo muy lejano, pero forma parte de nuestra realidad que en el Perú todavía existe un fuerte abuso y maltrato hacia la mujer. “El estudio multicéntrico de la OMS sobre la violencia de pareja y la salud de las mujeres revela que el 48% de las mujeres en Lima y el 61% en Cusco reporta haber sufrido violencia física por parte de sus parejas. Del mismo modo, el 23% de las mujeres en Lima y el 47% de Cusco afirman haber sufrido violencia sexual. En conclusión, más de la mitad de las mujeres en Lima (51%) y el 69% en Cusco señalan que han sido violentadas sexual o físicamente por sus parejas. Según los datos de la Oficina de Planificación y Estadística de la VII Dirección Territorial Provincial (DIRTEPOL) de la Policía Nacional del Perú (PNP), en el año 2002 se registraron 36.841 denuncias por maltratos físicos y psicológicos ante la PNP en Lima Metropolitana y en el Callao. En el año 2003 la cifra se incremento a 38.336 denuncias, lo que evidencia aún más este problema. En relación al año 2004, la cifra a nivel de la VII Región–Lima de la PNP se incrementó a 41.567 denuncias.”(La violencia contra la mujer: Femicidio en el Perú: pg 12)
No parece formar parte de nuestro día a día, no sonará a algo que nos afecte a todas. Pero la huella de estos hechos está en todas nosotras, en nuestra forma de expresarnos sobre los hombres, en la necesidad de sentir que la mujer es especial, diferente, mejor. Eso que les pasa a “ellas” en esos barrios alejados, que ocurre por costumbres antiguas o por falta de educación o respeto, se ve reflejado en las miradas de centenares de mujeres resentidas que al final terminan haciéndose menos ellas mismas. Son las mujeres que pagan para que sus cuerpos sean cortados, transformados y suturados para ser más atractivas, para agradar a los hombres, aquellas que pasan horas frente a un espejo y se suben las minifaldas antes de salir a bailar. La mujer peruana debe de entender que es fuerte y luchadora, que es bondadosa y dedicada; que eso es lo que ha sido siempre y que debe amarse y respetarse por eso. No es menos que el hombre, pero tampoco la hace más que él. Y que debe exigir, sin miedos ni vergüenza, ser tratada con igualdad, respeto y el amor que merece. No es posible que hoy en día se una realidad que “siete de cada 10 mujeres no denuncia situaciones de maltratos por vergüenza, miedo a más agresión, divorcio o separación”. (Mayoría de mujeres no denuncia maltrato que recibe de su pareja) ¿Y que podemos hacer cada una de nosotras desde donde estamos? Pues yo creo que dar el ejemplo, como ya lo hacen muchas. Ser nosotras mismas, ni más ni menos, seguras de que eso basta para amarnos y que nadie tiene derecho a hacernos menos porque nosotras no lo hacemos. Somos nosotras las que tenemos que borrar de nuestro disco ese legado de resentimiento y opresión que ya no forma más parte de la verdad. Tenemos que despertar.
Bibliografia:
La violencia contra la mujer: Femicidio en el Perú
Violencia Familiar y Políticas Sociales en el Perú: Algunas reflexiones desde Trabajo Social
Mayoría de mujeres no denuncia maltrato que recibe de su pareja
Manuela Ramos (manuela.org.pe)
Claudia González


Lei el el titulo y me senti bastante atraida, sin embargo, conforme avanzaba con lectura, me daba cuenta que teneias mucha razon.
ResponderEliminarDe alguna manera, a vaces, si, somos mas privilegiadas y cuando, de alguna manera, alguien no lo hace, como darte un asiento o cederte el paso, nos molestamos.
Maria Alejandra Burgos
Y porque? si somos iguales, no deberiamos estar pensando en que tienen que cedernos el paso o el asiento... finalmente, es verdad, somos nosotras las que tenemos ideas que nos obligan a sentirnos mas y cuando no obtenemos lo que buscamos, pensamos que son malos o que nos discriminan.
Como nos pueden hacer? Cuando finalmente es, porque nosotras nos hacemos eso?
Maria Alejandra Burgos