Desde el comienzo de la existencia del hombre y de la mujer, han existido diversos estereotipos que los han acompañado y que con el tiempo han ido evolucionando desde el ser la mujer la que se queda en la caverna a cuidar a sus crías y el hombre va en búsqueda de el alimento, hasta la actual mujer independiente que contrata a una nana para poder ir a trabajar al igual que el varón, para poder sustentar a la familia.
Pero sin ir muchos años atrás, podemos evocar aquellas épocas en las que los varones y mujeres eran considerados de diversas maneras. Específicamente en la Lima del siglo XIX, el limeño era considerado por los extranjeros como un holgazán e irresponsable, un ser incapaz de realizar actividades que demanden demasiado esfuerzo tanto intelectual como físico. También estaba el extranjero visto como “… portadores de un paradigma de masculinidad que se presenta como inalcanzable para los peruanos…” . Por otro lado están los indios considerados como asexuados e incluso femeninos, “indigno de cualquier muestra de confianza […] el ignorante altanero y tramposo, el sucio, el amante estúpido y abusivo. Es el que no se enamora ni quiere a sus hijos.” Los negros que por un lado son vistos como vigorosos, sufridos y sumisos, por otro existe una desconfianza hacia el negro considerado como delincuente si no tiene trabajo, o como indigno de confianza si es que realiza algún oficio.
Y así como el varón tanto el limeño, europeo, indio y el mulato eran considerados de diversas maneras en la época, las mujeres limeñas también había construido una imagen de ser más capaces que los hombres tanto mental como físicamente. Estas descripciones no han sido creadas en vano puesto que la limeña de antaño ha sido considerada una mujer de “… ojos negros grandes, labios delgados, pies pequeños y breve cintura.” Una mujer seductora que andaba por las plazas buscando marido y desilusionando a aquel que no fuera para ella con la excusa del argumento religioso.
La vida de la limeña era vista como la búsqueda ininterrumpida de matrimonio, hecho que solo lo hacían público cuando realmente se sentían preparadas para poder entregarse. Cuando esto ya sucedía, la imagen de las mujeres casadas no era la misma que la de las jóvenes puesto que se las consideraba como escasas y negativas, o como el general Pezet se refería a ellas como “… plantas parásitas que se sostienen de jugos ajenos” .
Como se puede observar, la mujer limeña en todo momento era observada de diversas maneras y a comparación de las mujeres de otros países, la mujer peruana casada no era muy elogiada ni reconocida, por otro lado también estaba la crítica hacia las mujeres que optaron por profesiones, estas mujeres tuvieron que soportar las críticas e insultos por parte de los demás, tildándolas como mujeres feas de clase media que no tenían otra opción que los libros y las aulas, estas mujeres eran vistas como con la que se podía conversas pero no tener ningún tipo de relación amorosa ni para construir un hogar. Por otro lado también estaba la presencia de la mujer mulata y negra que era como una nana para los hijos de los limeños, luego también eran las que se encargaban de iniciar la vida sexual de los adolescentes. También estaba la imagen de la mujer india que es símbolo de fuerza y resistencia física mucho más que los hombres. En esa época no era muy bien visto tener algún tipo de relación con las mujeres indias debido a que se tenía la idea de que pertenecían a una raza en decadencia.
Si la mujer y el hombre de antes de este siglo eran de la manera ya antes mencionada, entonces cabe preguntarse si es que este concepto aun persiste en la actualidad. Para la respuesta ante tal pregunta se usarán las encuestas hechas a ambos sexos, de distintos estatus sociales, diferentes grados de instrucción y cuya edad varía entre 19 y 77 años de edad.
Las preguntas hechas fueron simples y libres de responder lo que deseaban o sentían para así poder obtener variedad en las respuestas de acuerdo a las vivencias y contextos en los que ha vivido el entrevistado. La primera pregunta hecha fue sobre qué concepto tenían de género. La respuesta fue la misma en la muestra de treinta personas. Cada uno de manera distinta mencionaba el género como una construcción cultural y muchas veces con sesgo político que relaciona directamente ciertos roles y atributos de los seres humanos de acuerdo al sexo. Por otro lado había una minoría que mencionaba simplemente género como ser mujer u hombre.
La segunda pregunta hecha fue sobre el conocimiento que se tiene de la mujer del siglo XIX. Para ello también se habló sobre la discriminación marcada, limitación, inútiles como para poder realizar trabajos que ameriten esfuerzo intelectual, pero no quedó atrás el reconocimiento de la limeña bella y de distinguida figura esbelta.
Ya la tercera pregunta fue distinta tanto para las mujeres y hombres para poder saber qué es lo que piensan. Por un lado, a los hombres se les preguntó sobre los derechos que poseen actualmente las mujeres y qué tipo de imagen tienen de ellas. Ante esta pregunta los varones contestaron su conformidad antes los derechos brindados a la mujer puesto que la creen igual de capaces que ellos, y en cuanto a cómo es que ven a una mujer, los varones menores mencionaron que la ven como un ser humano no menos ni más importante que el hombre, un ser capaz que posee diversas cualidades y defectos. Por otro lado, uno de los entrevistados comentó que él deseaba personalmente hacer feliz a su esposa porque ella se lo merece y se refirió finalmente a que él siempre hace las cosas de acuerdo a como a él le gustaría que lo traten. De hecho las respuestas convergen en un mismo punto que es el reconocer a la mujer como ser humano y que por ser como es, merece ser reconocida y querida.
Al grupo de mujeres que varían entre las tres últimas etapas del desarrollo humano (adolescencia, juventud y adultez), se les preguntó sobre la manera como es tratada en el día a día siendo estudiante, hija, esposa, madre y trabajadora. Pues las respuestas en general eran que se pedía más respeto por ser madre gestante especialmente, una de nuestras encuestadas manifestó ser “un chiste” el asiento reservado, lo cual se es fácil de detectar ya que no solo hombres sino también mujeres fingen estar dormidos y simplemente no respetan el letrero de ASIENTO RESERVADO. Por otro lado, la mayor parte de nuestras encuestadas mujeres eran docentes que manifestaban, por una parte las de mayor edad (35 a 50), que no se la era considerada tanto como a los docentes hombres debido a que consideraban su bajo rendimiento por la familia o por estar embarazada y en el caso de una de ellas que optó por ser docente debido a que como ingeniera pesquera no le daban trabajo. Por otro lado el grupo de las docentes de 29 a 32, manifestaron que se les tenía en cuenta por sus habilidades, mencionaba ser tratadas con cariño y respeto. Ante esta diferencia de respuestas podemos manifestar que las mujeres más jóvenes son mucho más consideradas en los trabajos que desarrollan por no contar aun con hijos o una familia.
Con cada una de estas respuestas podemos pintar nuestra realidad con cada uno de los colores ofrecidos por los que son parte de esta. Pues podemos dar pequeños trazos los cuales ligeramente dibujen el respeto mutuo entre mujeres y hombres, la equidad en derechos, deberes y beneficios que ambos reciben y no que por ser mujer no te contraten para un trabajo o no vean la posibilidad de evaluar tus habilidades para ser ascendida, o en el caso de los hombres, quienes manifiestan también sentirse discriminados cuando van a discotecas y ven el letrero de entrada libre para mujeres, o cuando se trata sobre el nacimiento de sus hijos, priorizan el descanso de la mujer pero no el del padre que muchas veces lamenta la primera palabra o paso de su hijo (hecho que recién este 2010 ha sido considerado). Pues creo que este ligero trazo va de fondo ya que a partir del respeto se derivan las siguientes situaciones que tanto mujer u hombre viven día a día.
Y si es que necesitamos dar color a nuestro lienzo, qué color le caería bien. Pues podría ser un color de optimismo en el caso de las mujeres ya que a comparación de épocas pasadas, actualmente goza de algunos beneficios de los cuales ni se pensaban en ese tiempo. Unas pinceladas de machismo, colores aportados por mujeres y hombres, ya que el machismo no solo viene de los varones puesto que las típicas palabras de pórtate como señorita, tu eres la mujer y por ello tienes que hacer o que las mujeres deben hacer, etc, estas típicas frases son una contradicción a la anhelada búsqueda de libertad e igualdad de derechos. Algo de feminismo por el creer que el ser mujer implica insultar y agredir a los hombres de distintas maneras.
Pues, finalmente el resultado que obtenemos es una sociedad que aun no termina de construirse en el tema de no discriminación, la equidad en todo sentido y el respeto que todo ser humano merece ya sea mujer o varón.
Ximena Aguilar Alcaide
Biografía:
PANFICHI, Aldo y PORTOCARRERO, Felipe(1995) mundos interiores: Lima 1850-1950. Pág 261-287. Lima: Centro de investigación de la Universidad del Pacífico.



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